Imaginarios urbanos /
Itinerarios humanos

España – Francia 2003 – 2004

Tres palabras para tres visitas a esta gran exposición.
Varios pasajes, vueltas y retornos, se necesitan para captar las lecturas de esta pintura de madurez, compleja y consumada.
Nos sorprende con el vigor vivo de su paleta.
Ella nos lleva a su inspiración onírica.
Ella nos muestra, a través de un fascinante encuentro cara a cara, las claves ocultas de la existencia.
Al menos tres pasajes para entrar en acción, eso sí, para crear el vínculo y sucumbir a la tentación.
Tres palabras, oriflama – onírica – oráculo – llenas de exclamación para expresar el asombro ante los colores, el poder de la imaginación, la abundancia simbolista.
En principio, los colores se agitan como estandartes.
Puros y vibrantes. Sus planos yuxtapuestos, sin concesión a aguadas pretenciosas, estructuran las calles, las plazas, los jardines y los juegos de ciudades irreales.
El ojo de la artista deslumbra la cotidianidad, hace clic, hace zoom y la realidad se convierte en sueño.
El púrpura ilumina un mercado de flores con minaretes turcos turquesa, y los verdes más ácidos desvelan un jardín poblado de rostros cansados.
Incluso las fascinantes y lascivas pequeñas series de desnudos abandonan la palidez, la blancura, la lechosidad para teñir la carne con una encarnación erótica y libidinal.
El color es intenso, el color es tenue.
Ya en su camino de regreso, ¡ay! ¡El onirismo de estos imaginarios alimentados por su infancia en Argentina, sus años en África y sus estancias en Europa!
La identidad es fuerte porque ella no se identifica.
La identidad es fuerte porque ella posee varias culturas.
Y de estas aguas mezcladas de otros confines del mundo, emerge no un estilo, sino un tono, o más bien un don, el de lo Universal.
Una asombrosa confluencia de fuentes “fauvista” y “cubista”, y… una pequeña corriente “surrealista”.
Observen, los rostros oblongos que tienen la pureza ritual de las máscaras primitivas.
Pero el viaje, el Verdadero -el que nos lleva a la vez voluntariamente y a la fuerza- no se manifiesta en el espacio, ni en el tiempo.
Él se manifiesta en el sueño despierto.
Las construcciones – deconstrucciones logradas, los juegos de perspectiva hábilmente movidos recrean escenas inmateriales y sin embargo sensibles, mundos nunca vistos… y nunca desconocidos.

¡Ella hace ver a nuestros ojos lo que -en otra existencia, tal vez- nuestros ojos ya vieron o… verán!
Nuestra mirada fugaz descubre, pero nuestra mirada alargada, atemporal encuentra.
Es precisamente en ese fuera del tiempo, en esa atemporalidad que Malraux descifró la obra, la obra mayor.
Atemporales son, los acróbatas apoyados, suspendidos sin estado y sin cables.
Atemporales son, los desnudos sin edad, las musas inmutables con el deseo inaccesible, los personajes presentes-ausentes de los que no sabemos si entran o salen del lienzo y del Tiempo.
Atemporales son, esas miradas lejanas posadas en horizontes desconocidos.
¡Oráculo! ¡Oráculo!, los artistas fuertes, como las pitonisas de la tierra de Delfos, sacan de sus entrañas fragmentos, pedazos de ruido que murmuran saberes mudos y perdidos, saberes secretos.
Rompecabezas alquímicos, llaves de ensueño, una novia-madona en la multitud de hombres sin nombre, amos felinos, echados y enroscados como gatos, las tres andaluzas con sus galas seductoras y fúnebres esperando tal que Parcas fatales la muerte del torero.
El itinerario, si tomamos el camino iniciático, nos lleva desde la Villa de los Misterios a un bosque repleto de símbolos.
Pero el oráculo, el veraz, la adivinación y la adivinanza de este período de la artista permanece sin desdoblarse, el despliegue de un inquietante púrpura – violeta – índigo.
El carmín empapa los rostros, el encarnado despulpa las carnes y la tinta purpúrea ya devora al torero en su batalla de honor, de muerte.
Sensual y mística, erótica y trágica, aderezo de deseo y velo de drama, la omnipresencia del violeta equilibra por doquier su ambivalente pasión y su extraña fascinación.

Eros aparece por aquí… Tanatos aparece por allá.
Y la obra madura y segura habla de esta lucha entre ellos.
Esta lucha entre ellos y nosotros.
Esta lucha dentro de nosotros.
Imaginarios urbanos… Itinerarios humanos.

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