Inmigración
Homenaje a mis abuelos: Gaetano Tobaldo y María Anna Monticelli
Pequeñas obras – Grandes pensamientos
Argentina – Italia 2013
Para mí, recuperar la memoria significó siempre encontrar las palabras para expresar el dolor de mis ancestros inmigrantes: el miedo del viaje y la llegada a un país desconocido, el perder una identidad buscando conquistar otra nueva. La evocación del pasado de la infancia y de la adolescencia se contaba a veces con tristeza, a veces como si ese pasado fuera parte de una historia que ya terminó, aunque con evidentes repercusiones en la contemporaneidad que les tocaba vivir.
Al viaje exterior, el del desplazamiento físico a un nuevo país le corresponde inevitablemente el interior, introspectivo, de mente y corazón, hacia la búsqueda y redefinición sí mismo.
El arte tiene la capacidad de contar, a través de diferentes perspectivas, el éxodo interior y exterior del ser humano, la huida de millones de personas, hombres, mujeres, niños, ancianos en busca del futuro y la paz.
En esta pequeña colección he procurado representar los miedos y esperanzas de muchos de nuestros compatriotas. En el fondo de algunas de mis pinturas se pueden observar barcos: un futuro suspendido e inalcanzable. En primer plano, rostros ahuecados por el hambre. Algunos hombres ya han dado la espalda al pasado, otros todavía no pueden mirar más allá del mar hacia el futuro. Estoy traduciendo los sentimientos de estos rostros de hombres, mujeres y niños, en íconos tipológicos: mujer pensativa, otra que amamanta a su hijo, una niña con su muñeca de trapo, quizás el único juguete que pudo traer consigo, una anciana, mi “nonna”. En los rostros de estas mujeres están las dudas y preguntas de todos. Inseguridad, esperanza, hambre, pasado y futuro, todo se retrata en esta expectativa; la inmensidad del fenómeno migratorio desde Italia a finales del siglo XIX: familias enteras o grupos de hombres, gente humilde macerada por una vida de penuria, con melancolía en el rostro. y esperanza en el corazón, se están preparando para el gran viaje en condiciones muy difíciles, si no inhumanas.
Junto a estas narraciones pictóricas, también quise retratar sentimientos como el desapego y la soledad. ¿Por qué? Porque la partida se vive como desapego, soledad, dolor, un asunto personal y familiar. La familia está en el centro de la imagen.
El arte en general tiene que ser capaz de dar voz a las miserias y contradicciones de la época. El arte debe asumir la responsabilidad de informar y estimular mensajes de solidaridad a través de formas artísticas.
Hay muchas formas en las que incluso el arte de nuestro tiempo ha asumido el desafío de contarle al mundo la migración forzada.
El puerto fue la palabra clave durante la aventura de la inmigración, porque define el mensaje centrado en el viaje. Un viaje de emigrantes que desgarra, un camino no buscado, sino debido a las circunstancias de la vida, el camino de quien deja un pedazo de sí mismo en su propia tierra. Las miradas de mis personajes son nostálgicas, no resumen felicidad, son miradas que se vuelven hacia un horizonte incierto e incompleto. Los sujetos son hombres y mujeres cansados, que llevan un equipaje metafóricamente pesado. De ahí su evidente atención al tema de los viajes, de los viajeros, del significado simbólico e intrínseco del viaje, entendido como enriquecimiento y pérdida. Sin llegada, no se puede decir que ninguna partida sea verdaderamente completa. El viaje de los migrantes siempre es doloroso.